miércoles, noviembre 09, 2005

Llueve

En la ventana de mi cuarto está lloviendo, tal vez porque desde hace unos días unos hombres vestidos de alpinistas intentan arrancar la mierda que se esconde en las rendijas de los azulejos azules y amarillos de la fachada con pistolas de agua a presiones desproporcionadas, o tal vez porque en realidad no quiero salir de mi casa aferrado a la idea de que no hay mejor lugar que entre las sábanas de una cama escondida bajo la estantería del diccionario.
Me duelen los ojos de estar despierto, me duele el cuello de dormir, me harto de ver nubes negras y me canso de escuchar canciones de amor. Todo tengo y nada quiero, quiero todo y nada hago, algo hago y nada siento, siento mucho y nada tengo... corazón con cicatrices, dolor de muertes sin rumbo, pies descalzos sin sandalia...
No sé si arriba o abajo, izquierda o derecha, dentro o fuera, todo o nada... tal vez mañana algo sepa, tal vez no sepa si es mañana...

martes, noviembre 01, 2005

Teoría de los vacíos

Todos tenemos el corazón en compartimentos. Cada uno de esos huecos en el corazón se destina a cada sentimiento que pasa por él, de modo que hay un espacio para el afecto familiar, para el orgullo personal, para la sensación de éxito, para el amor complice de pareja...
Lo curioso es que no somos conscientes de que alguno de esos huecos está vacío hasta que después de un tiempo repleto, se vacía de repente. El vacío repentino causa dolor, un desgarro de entrañas en lo más hondo de nosotros mismos. Ante tal situacion de vacío podemos colocarnos desde diferentes posturas.
Podemos intentar llenarlo de sentimientos que no corresponden a ese hueco, de modo que si el hueco vacío es el del amor complice de pareja, podemos llenarlo de amor erótico, solución sólo temporal, ya que probablemente al poco tiempo sentiremos de nuevo el dolor del vacío repentino.
Podemos hacerlo chico, rellenando los huecos de alrededor. Podemos llenar hasta su resistencia el hueco de la amistad, del orgullo, de la autosuperación... para que al ensancharse reduzcan al límite el espacio del hueco vacío.
O podemos tener valor, afrontar nuestro vacío parcial, nuestro dolor... el vacío nos hace ser conscienes de nuestra fragilidad como personas, tras la plenitud, los huecos nos hacen valorar los rellenos, de forma que desde nuestras miserias seremos fuertes...