La química, que escondimos pruedentes de los ojos grises del mundo, se rompió en un beso de pasión con el duelo de noviembre. Detener la vorágine de caos y miradas furtivas fue tarea fácil para los vientos del norte que como crueles tiranos de imperios rotos, acaparan más de lo que pueden llegar a amar.
Cerraron las paradas del autobús de la calle infinita con portal de sonrisas. Y los acordes sonaron raros en la lejanía. Las invitaciones de fiesta quedaron hechas pedazos, como pedazos fueron cada una de las ilusiones de madrugada.
Y en la azotea del mundo el viejo observa, con el corazón enjaulado sólo por miedo, cómo los pilares de la alegría parecían tambalearse en las noches de soledad a contrapelo y ratones grises en calles oscuras. Pues no hay dolor mayor que las lágrimas robadas por verdades ajenas. Y entonces, sólo entonces, dio media vuelta como herido de muerte proponiéndose huir para , al día siguiente, volver a nacer.
sábado, noviembre 10, 2007
domingo, noviembre 04, 2007
Noche de vuelta
Noche que en la noche es noche. Noche en la que todo es negro y turbio. Los gatos ya no hablan entre líneas, ni siquiera sonríen al saludo. Las melenas al viento intentan boicotear dulces y finas mañanas entre sorbos de vodka y esperanzas.
Noche en la noche es noche. Que me lanza de nuevo a este vacío. Vorágine de tristeza enladada y fina. Descontrol marchito entre horas muertas. Niñas como aceras después de lluvia.
Noche que es noche en la noche. Recuerdos atrapados por cuidadores perforados. Desplantes con rizos y antiguos rencores jodidos entre lindezas de tres al cuarto. Dignidad que no se cambia por un polvo a medias.
Noche, noche, noche. Que entre pasos que despiertan al sol de invierno, estrellas fugaces atrapadas por anarquistas trasnochados enseñan el camino de vuelta a casa, a soñar de nuevo y a romper moldes acolchados por besos fríos que tal vez sólo serán soñados en calles sin salida y sin destino.
También en www.fotolog.com/lacalledeatras
Noche en la noche es noche. Que me lanza de nuevo a este vacío. Vorágine de tristeza enladada y fina. Descontrol marchito entre horas muertas. Niñas como aceras después de lluvia.
Noche que es noche en la noche. Recuerdos atrapados por cuidadores perforados. Desplantes con rizos y antiguos rencores jodidos entre lindezas de tres al cuarto. Dignidad que no se cambia por un polvo a medias.
Noche, noche, noche. Que entre pasos que despiertan al sol de invierno, estrellas fugaces atrapadas por anarquistas trasnochados enseñan el camino de vuelta a casa, a soñar de nuevo y a romper moldes acolchados por besos fríos que tal vez sólo serán soñados en calles sin salida y sin destino.
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