domingo, abril 25, 2010

la mirada más bonita del mundo

La mirada más bonita del mundo, se aferró a las crines de mi cuerpo. El tiempo pareció viejo y cansado cuando la mirada más bonita del mundo se cruzó con los ojos tristes de batallas perdidas que aún no tuvieron lugar. Cinta al pelo, manos firmes. Y corazones que palpitan más veloces que el viajero camino de Filadelfia.

Paró el mundo la noche en que los días cumplían la mayoría de edad en meses de ausente monarquía. Volvieron a surgir las sonrisas lindas, la lágrima fácil, los abrazos marchitos que hacía tiempo olvidaron pararse en el bolso de una camisa de cuadros. Mas no eran los mismos, aunque sí conocidos. Pues los ojos tristes de batallas perdidas que aún no sucedieron ya conocía a la mirada más bonita del mundo, pese a la grosería de la vida de no haberles presentado antes.

Y así los minutos caen engarzados a segundos, meses, años. Y así van acumulando pasos en un camino que tal vez no-decidieron hacer juntos. Y así, sin alevosía, los ojos tristes de batallas perdidas que tal vez ni existan, dieron gracias a la luna que iluminó aquel camino de agua, lágrima y sonrisa; hacia la mirada más bonita del mundo.

domingo, marzo 21, 2010

Corazón Olvidado

Escondida en el pliego enésimo del cojín cuadrado de mi cama grande, su alma aterrizó en el cuello de aquel que un día soñó no ser feliz. Inundado por quien le inundan de cariño, el corazón alarmado salió de Filadelfia con el propósito de no regresar salvo que la muerte se cruzara en los caminos del mundo oxidado. Cuatro ojos azules acompañaron la noche, que acabó antes que la de Cenicienta pese a las ganas de navegar en grises y dorados. 

Mariachis suenan, tal vez con chocolate, pero no ahogan la melodía de un beso en el hueco por donde entran los versos más lindos jamás pronunciados. No llegaron los convalecientes, tampoco los locos, ni los simples... realmente no llegó nadie, hasta aterrizar en el dos por dos y el "hasta mañana".

El amor, invadió el cuerpo inocente de quien no supo mostrarlo más que diluido en gotas saladas que escapaban allá donde La Sonrisa estuviera, pues allá estaría el refugio del ave de la noche, del profeta errante en tiempos sufrientes..

Y así, a párpado roto, se sintió feliz de haber olvidado el corazón en el pelo de una princesa con cazadora vaquera.